Es inevitable que, después de mucho reflexionar, caigamos en cuenta de que la vida no es más que una serie de contradicciones que se enlazan gracias a las monumentales coincidencias por las cuales navegamos. Cada una de ellas nos hace adentrarnos más y más en nuestras vidas, como si fuéramos únicos e irrepetibles. Ésa es la gran trampa de la vida: hacernos caer en mentiras, las cuales creemos (o queremos creer) para conducir nuestras vidas por senderos socialmente construidos, donde no existen rótulos ni mapas, y tienden a confundir con sus falsos atajos e intersecciones. Nuestras vidas no son únicas. Todos vivimos en la misma biblioteca (a lo Borges). Aquella biblioteca infinita, donde no existen libros repetidos, pero donde sin duda alguna todos coexistimos, nos hacen irrelevantes en el plano espaciotemporal de la historia. Sería ridículo afirmar que todos tenemos el potencial para cambiar el mundo, o siquiera nuestro mundo, pues eso sería un pensamiento completamente egocéntric...
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