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La Talidad de las Cosas


Dijo alguna vez Tal, que los Tales dejan de ser Tales cuando se enfrentan a Tal. A pesar de que Tal vivió hace mucho tiempo, allá por los años Antiguos, Tal ya poseía una visión Talística sobre la vida. De esta forma, Tal se convirtió en el Tal de los Tales, el Tálido Tal entre sus propios Tales, lo cual, subsecuentemente, provocó su caída en manos de Tal II.

¿Por qué les cuento sobre esto? Pues porque, como vemos actualmente, existe una cualidad Talística sobre la manera en que organizamos, construimos y llevamos a cabo nuestras vidas. No es una crítica per se, nada más estoy notando y constatando tal efecto Talístico en el quehacer cotidiano. De hecho, es muy positivo. Tal vez es prudente recordar lo que Tal acotó sobre la Talidad de las cosas, y de cómo estas Talidades se reconfiguran frente a nosotros de manera inconsciente y, en efecto, Tálida:

“Si Talidamos nuestra existencia en Tales, nunca podremos Talificar nuestra sociedad en la manera que deseamos. Sólo un verdadero Tal puede reconocer sus defectos frente a la sociedad Talificadora; sin embargo, varios Tales pueden alcanzar la Talificación si así se lo proponen.”

Sin duda, y a pesar de lo que los anti-Talificadores pretenden esbozar en contra de dicha riqueza Talística, creo que es prudente y contundente confirmar que este tipo de discursos Talificadores nos transforman de una manera completamente Tálida, y aún más en medio de una sociedad cada vez más dividida, más desigual, más individualista, pero sobre todo, menos Tálida.

La Talificación de la sociedad es un proceso arduo, complejo y masivo, en donde todos los individuos deben poner sus mejores y más profundos conocimientos al servicio del objetivo común: una sociedad Tálida. Pero, ¿y qué es una sociedad Tálida? Pues es sencillo: cuando nosotros, como agentes Talificadores, logramos Talificar nuestro talento hacia la producción masiva de Talidades, podremos, al final del día, construir una mejor sociedad, donde todos nos sintamos unidos, respetados, queridos, pero principalmente, donde todos seamos Talificadores.

Tal nos advertía con frecuencia sobre la constante amenaza negativa de los “anti-Tálidos”, nombrados así por sus adeptos, tiempo después de la partida de Tal al Nuevo Mundo. Los “anti-Tálidos” siempre han utilizado la división, las guerras culturales y la irrupción de estilos de vida que van en contra de lo que Tal habría querido. Cierto: Tal nunca se pronunció sobre estos problemas. Es más, Tal siempre nos indicó que la Talificación podría llegar por diversos y misteriosos medios; sin embargo, si analizamos a todos aquellos que precedieron a Tal, es evidente que expresan metodológicamente los objetivos que deseaba Tal para nuestra sociedad.

Los “anti-Tálidos” no son sólo revoltosos que quieren limitar nuestra libertad para ser Tálidos, sino que también quieren destruir nuestro estilo de vida. Ya no es como antes, cuando los verdaderos Tálidos teníamos una voz válida en el debate histórico entre la vigencia y vigor de las enseñanzas de Tal, y la precisión innata del construccionismo y de la ingeniería social de Tal II. Sí, la caída de Tal en manos de Tal II tal vez no fue provocada para causar tal división ideológica entre los Talificadores, como este servidor, y los Talificantes, quienes privilegian y, en mi opinión, glorifican estas guerras culturales en las que vivimos. Sí, también es cierto que la distancia ideológica entre los Talificadores y los Talificantes es relativamente corta, pero la tolerancia que profesan los Talificantes hacia estos “anti-Tálidos” es inaudita y completamente corrupta e inaceptable. Esta alianza con tintes completamente políticos destalifica el ambiente en el cual nuestros jóvenes crecen, y destruye por completo los complejos pero profundamente transformadores valores tálidos de nuestra cultura milenaria. Por esta razón, nuestra férrea oposición contra los Talificantes es netamente basada en principios, los cuales ellos carecen.

De esta forma, y con la siguiente reflexión, termino este manifiesto: nosotros, como agentes Talificadores de la sociedad, como peones de Tal en la Tierra, como transmisores de la verdadera y única cultura Tálica y de las disciplinas Talísticas, debemos aferrarnos, en estos tiempos confusos y misteriosos, a las enseñanzas de Tal: su valentía en el duelo, su pureza ideológica, su resplandor y claridad discursiva, y sobre todo, su deseo, aún vivo entre todos nosotros, de una verdadera Talificación de la sociedad. Debemos dejar atrás estas guerras culturales, pero si prosiguen, debemos ganarlas, y no ver hacia atrás; sólo hacia un futuro mejor.

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