A poco más de 24 horas de que se emitan los primeros votos en una de las elecciones más polarizantes y llenas de odio de los últimos años, estamos en el pórtico de una combinación de factores financieros, económicos, culturales y sociales que nos invitan, principalmente, a que nos sintamos con la moral baja, asfixiados por el prospecto de una crisis de proporciones demoledoras para varias generaciones de costarricenses que se han encontrado frustrados por una clase política clientelista, corrupta y enajenada. Sin embargo, la coyuntura que hoy enfrentamos supera los resultados mediocres y decepcionantes del primer gobierno del PAC. Más allá del pobre desempeño de Luis Guillermo Solís como líder (lo cual da para otra entrada, pues hay mucha tela por hilar en ese tema), la idea de un gobierno fundamentalista, que ataca el corazón de la institucionalidad del Estado costarricense sin reparos, que atiza los miedos más infundados de nosotros como sociedad e individuos, y cuya raison d’être es...
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