“But I don’t know/where to begin”. Así es cómo Sufjan Stevens nos introduce en “Death with Dignity”, la primera canción de Carrie & Lowell, a su universo. Así es como nos invita a entrar en su lucha contra sí mismo y nos hace espectadores de su empresa a través el dolor y el pésame que ha sufrido, precisamente en la relación con su madre. La manera en que Sufjan logra exteriorizar todo lo que sus letras sugieren (dolor, nostalgia, confusión, sexualidad, arrepentimiento y fe) es únicamente igualada por la composición complejamente simplista de la música.
Tomando como punto de partida su anterior esfuerzo musical, The Age of Adz, el cual fue una gran oportunidad para que Stevens demostrara su versatilidad y capacidad en el manejo de un sonido postindustrial, innovador y profundo, él vuelve a dar un giro sonoro muy pronunciado pero no menos exitoso. Lo impresionante en este cambio de dirección exactamente eso: independientemente del cambio musical, la calidad se mantiene y, me atrevo a decir, la aumenta. La naturaleza de los temas que Stevens trata en The Age of Adz, tan enigmáticos como mitológicos que fueren, se mantiene en esencia en Carrie & Lowell. La diferencia radica en que The Age of Adz es sutilmente cristiano en medio de un sonido que le da un sentido de enormidad a la canción con temas mitológicos y apocalípticos, mientras que en Carrie & Lowell Stevens no duda en hacer alusiones abiertamente cristianas (no sin un doble sentido que hace alusión a su sexualidad) en medio de un sonido consecuentemente más íntimo y a través de relatos personales, como la conversación que mantiene con su madre en “Fourth of July”.
Al escuchar este álbum, es inevitable dejarse llevar por este viaje en búsqueda de perdonar, curar y superar tanta confusión provocada por la muerte de su madre. La naturaleza tan íntima y personal de Carrie & Lowell hacen de este álbum una conversación entre el oyente y el artista. Así como podemos entender el dolor de la letra que canta Stevens a través su increíblemente emotivo falsetto, la música propicia un ambiente de seguridad, como si dentro de ese ecosistema creado por el sonido se pudiera sentir, segundo a segundo, cómo el artista está intentando sobrellevar el golpe emocional que ha estado sufriendo. Esto es especialmente evidente en “John My Beloved”, donde la música está al servicio de la narración que el artista nos propone. Irónicamente, esta canción es una de las menos obvias en su sentido lírico. Así como podemos decir que Stevens se refiere a la manera en la cual él reacciona a su convulsa relación con su madre (quien lo abandonó cuando tenía un año de edad por problemas de depresión, esquizofrenia y abuso de sustancias y con quien no logró una verdadera relación sino hasta adulto) luego de su muerte, también puede interpretarse como esa lucha en el marco de una relación, ya sea personal o con un ente divino, pues así cómo podemos inferir en un primer tiempo que se habla de Juan, el apóstol amado, también puede ser leído como una persona del mismo nombre en un segundo tiempo, dadas las referencias más modernas en algunas de las líneas de la canción.
A pesar de esto, las alusiones al cristianismo y el lenguaje de carácter decididamente religioso le da un fuerte peso humano al relato de Stevens, pues nos explica, desde su perspectiva, su relación igual de convulsa con todo su entorno: su sexualidad, su fe y su familia. En “Should Have Known Better”, Stevens reflexiona sobre lo que pudo y no pudo ser, y es tal vez la canción que mejor encapsula su intento de observar los hechos que atraviesa por medio de una óptica más positiva, a pesar de que concluye que: “Nothing can be changed/The past is still the past/The bridge to nowhere”. Esta canción es tal vez el ejemplo más evidente del arquetipo del viaje, el cual no está explícito en el álbum (excepto cuando habla de Oregon y sus visitas a su madre) pero sí está implícito en momentos como el cambio melódico en la segunda mitad de esta canción.
La facilidad con la cual Sufjan Stevens construye alusiones, metáforas, símiles y simbolismos a través de Carrie & Lowell es así de fascinante como natural. Las referencias bíblicas, geográficas y personales (en un ejercicio de autoreferenciación notable) crean el puente por el cual nos permite acceder a su perspectiva en medio de tanta confusión en su mente. De la misma manera, Stevens, nos ofrece un sonido que evita cualquier tipo de pompa o melodrama, no cae en oscurecimientos fuera de lugar de lo que la letra dicta, y, como mencioné anteriormente, actúa como facilitador de un álbum cuasiconversacional. Así, el artista logra un álbum emotivo, relevante y, a pesar de tanta confusión, plegarias, exclamaciones e inseguridades, catártico.
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