Ir al contenido principal

Man of War



Es fácil sentirse abrumado en medio de tanto ruido. Todo lo que nos rodea se ha convertido en una densa niebla ruidosa, donde entramos y no logramos identificar la fuente de dicho ruido. Caminamos y caminamos; conducimos y conducimos; trabajamos y trabajamos, pero luego de recorrer a través de toda esta niebla, nos damos cuenta de que, en realidad, la fuente de dicho ruido somos nosotros.

¿Cómo llegamos hasta acá?

Creo que no existe pregunta más representativa de la (pseudo) posmodernidad en la que vivimos que ésa. Nos hemos rodeado de una cantidad tan impresionante de información (en el sentido más amplio posible), y no hemos logrado adecuarnos a vivir bajo esta nueva realidad. Desde la explosión consumista en la que vivimos, vemos cada vez cómo se nos vende la idea de que un aumento en la producción genera un crecimiento económico más rápido, y por ende, una mejora en el bienestar de la población. Se nos ha dicho cómo es de necesario producir más y más rápido, vender más y más rápido, y vivir más y más rápido.

No soy ludita, pero entiendo el pensamiento detrás de un movimiento de esta índole. La tecnología es terrorífica. No por las técnicas ni por los artefactos per se, sino por el efecto que produce en nosotros como seres humanos. Ya de por sí, con el sólo hecho de haber nacido humanos, somos proclives a las adicciones. Es natural. Sin embargo, la adicción a la tecnología y a las redes sociales transforma nuestro entorno en maneras que nunca hubiéramos podido imaginar. Hemos extrapolado nuestra realidad física por una virtual, la cual sólo existe en un lugar intangible e invisible. No logramos concentrarnos en un sólo tema cuando entramos a Internet, pues estamos siendo incesantemente bombardeados por información inútil y vacía. La ansiedad social aumenta, y una presión de origen virtual nos afecta de manera muy real, y juega con nuestras emociones sin que nosotros tengamos sospechas sobre estos efectos.

Ahora vivimos dentro de la economía del "me gusta", donde todo se mide por cuántas personas han visto tu publicación, qué tan popular sos en redes sociales, qué tan buena imagen genera tu presencia para una marca o un producto, y qué tanto impacto tienen tus palabras, no por el contenido de ellas, sino por la cantidad de oídos que las escuchan y de ojos que las observan.

¿Qué buscamos? Fácil: validación. Buscamos sentirnos cómodos. Intentamos que nuestros perfiles estén llenos de posts con los cuales podamos estar de acuerdo, y, de esta manera, crear nuestro "yo virtual". Así, rechazamos todo lo que se plantee en contra de nuestra ideología, y nos Ofendemos® cada vez más fácil por un chiste, un artículo o una opinión que desafíe nuestra manera de ver el mundo. Nunca antes había sido tan sencillo crear una burbuja, en especial una que sea acolchonada e indestructible.

Este fenómeno es consecuencia directa del incesante mundo consumista en el que vivimos. Cada vez hay más información, más contenido y más ansiedad disponible para nuestra sed de validación. Cada vez existe, siguiendo la analogía con las burbujas, más aire para mantener inflada dicha burbuja, y este aire logra inflar esta burbuja y hacerla inmune a la información que desafíe nuestros valores y nuestra ideología. En vez de querer enriquecernos, nos empobrecemos intelectualmente, pues al encontrar suficiente data para satisfacer nuestra manera de pensar, reprimimos nuestra curiosidad intelectual, y abandonamos el pensamiento crítico para adoptar la sabiduría convencional que existe dentro de nuestras propias burbujas.

La ironía de nuestros tiempos, un sello vitalmente posmoderno: nunca habíamos tenido acceso a tanta información, y nunca habíamos sido tan voluntariamente ignorantes en la historia. El ruido nos reconforta. Al escribir estas palabras, me doy cuenta de que tal vez haya creado una meta-ironía: un blog que valide mis ideas, creado con herramientas tecnológicas que fueron comercializadas con un objetivo consumista y donde me sienta a salvo de cualquier crítica exterior… Ya no existen ideas puras. O, tal vez, nunca existieron. ¿Por qué no podemos tener cosas bonitas?

Comentarios

  1. Nos ponemos tristes por no poder disfrutar más y mejor

    ResponderBorrar
  2. Dejo un Me Gusta por el "Ofendemos®".












    ...Me gusta...

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Reseña de “Carrie & Lowell” de Sufjan Stevens

“But I don’t know/where to begin”. Así es cómo Sufjan Stevens nos introduce en “Death with Dignity”, la primera canción de Carrie & Lowell , a su universo. Así es como nos invita a entrar en su lucha contra sí mismo y nos hace espectadores de su empresa a través el dolor y el pésame que ha sufrido, precisamente en la relación con su madre. La manera en que Sufjan logra exteriorizar todo lo que sus letras sugieren (dolor, nostalgia, confusión, sexualidad, arrepentimiento y fe) es únicamente igualada por la composición complejamente simplista de la música. Tomando como punto de partida su anterior esfuerzo musical, The Age of Adz , el cual fue una gran oportunidad para que Stevens demostrara su versatilidad y capacidad en el manejo de un sonido postindustrial, innovador y profundo, él vuelve a dar un giro sonoro muy pronunciado pero no menos exitoso. Lo impresionante en este cambio de dirección exactamente eso: independientemente del cambio musical, la calidad se mantiene y, me at...

Declaración de idiotez

Holden Caulfield era un idiota, como cualquier otro. Un desadaptado, vendió los regalos que sus padres le dieron sólo para divagar por la ciudad, criticando a los hipócritas que lo rodeaban mientras él mismo seguía siendo un hipócrita. Nos decía cuánto quería ver a su querida amiga, y al estar en el teléfono, simplemente colgaba o llamaba a alguien más. Odiaba a los adultos, en especial a aquellos que actuaban extrañamente como adultos, mientras que él tenía el cabello ya plateado a pesar de tener 17 años y contrató a una prostituta a través de un proxeneta sólo para hablar. ¿No es eso una actitud adulta y extraña al mismo tiempo? Rodion Romanovich Raskolnikov evoca otro tipo de sentimientos. Empobrecido estudiante de derecho, a la merced de una vieja usurera, con quien ya ha abierto una gran deuda, y que por ello no podrá seguir estudiando su querida vocación. La idea de hacer que todos sus males desaparezcan de la noche a la mañana con sólo una acción, crece cada vez más y lo apes...

Hablando en absolutos: la gran e indudable tragedia humana

Entro a leer las noticias en La Nación y noto algo muy peculiar: dos artículos de opinión seguidos. Uno es de Jacques Sagot . El otro es de Juan Carlos Hidalgo . A grandes rasgos, son dos escritores/opinólogos profesionales que comparten poco en común: uno es pianista, interesado en la literatura y en las cuestiones humanísticas. Altanero como egomaníaco, y un saprissista empedernido. El otro, por su parte, es especialista en política pública, melodramáticamente utilitario y consumido por la enfermedad think-tanquinera llamada Instituto Cato, el cual suena más elegante de lo que realmente es. Ah, y también es saprissista. Sí, estoy siendo injusto con ambos, porque ésa es mi debilidad. En realidad, ambos hacen puntos interesantes en sus discusiones, aunque la mayoría son fuera de contexto. Dentro de todo el aspecto mediático que involucra el quehacer periodístico, los opinólogos han entrado con fuerza (desmedida, tarjeta roja, diría Ramón Luis) en los medios de comunicación. Esto...