No lograba percibir su alrededor, pues estaba sumergida en ella misma. Embriagada por su propio deseo. Aquella embriaguez, la cual es de las peores de este mundo: embriagada por su vacío. Ella tambalea de un lado a otro, y cada vez cae en lugares diferentes. Sin embargo, cada vez que cae ella se levanta, sólo para caer en otro lugar. Ése es su deseo: el vacío causado por la irregularidad, por la inconsistencia, por la falta de un instante culminante que provoque una nueva visión más amplia, más abrasiva. ¿Por qué existe en ella un deseo de tal hechura, de tal ambigüedad? No lo sé. O tal vez sí lo sé, pero en un nivel diferente, contradictorio y espurio. Es hermoso pero aterrador. Me atrae y me horroriza. Me confunde y me frustra.
Así como lo he escrito: su deseo es ser vacía. Nótese el uso de "ser" en vez de "estar". Ella quiere ser el vacío: el todo y el nada. No quiere tenerlo o estarlo, pues éstos son verbos que implican un periodo determinado, un periodo finito. Por ello, esta mujer reposa su razón de ser sobre su alma impredecible, la cual es capaz de ser tan flexible como inestable. Ese deseo, como mencioné, posee una hechura inigualable, pues su ambigüedad está tallada a la perfección. Es inverosímil la perfecta manera de sobrellevar su ambigüedad, pues ella está completamente lúcida sobre ella. Su alma la obliga a buscar ese vacío, ese deseo incomprensible, mientras su mente mantiene intachable su realidad.
Ser vacío no connota una búsqueda superficial de cualidades negativas, al contrario; ser vacío es encontrarse con una realidad donde, desde el punto de vista del personaje (pues, al final, todos somos personajes de nuestra propia historia), lo único que puede satisfacer al ser humano es el todo: saber todo, vivir todo, ver todo, ser todo. Al darse cuenta de esto, el personaje logra ver el panorama y una verdad fundacional: nadie puede ser todo. Simplemente, nadie puede serlo. Así es como el personaje teoriza que el vacío (la nada) es más grande que el todo, pues no existe medida para cuantificarla, mientras el todo se puede contar (infinitamente, sí, pero contable al fin y al cabo), lo cual lleva a la conclusión de que siempre va a existir más nada que todo. Entre más todo haya, más nada debe haber para que el todo se encuentre allí dentro.
Algunos personajes, en forma de burla (fundamentalista, está de más decir), argumentaron que aquella conclusión es errónea, y que la nada es parte del todo, pues la nada es producto de todo; es decir, un citoplasma engendrado por el mismo todo. Sin embargo, este argumento no tiene sostén práctico, pues nunca se ha visto el límite de lo que está más allá de lo que alcanza el ojo humano, ni de los ojos que ha creado el humano.
Ser vacío es resolver que el presente, en vez del futuro, es impredecible además de inútil entenderlo y detallarlo, pues no es visible al ojo humano. Podemos observar con lentes ultramodernos lo que sucedió hace millones de años en una galaxia en un lugar inconcebible para nuestro reducido razonamiento, pero somos incapaces de ver el presente. Esto no significa que quien busca ser vacío rehúye del conocimiento, sino que entiende que es una búsqueda sin final, donde nunca va a existir una culminación que llene el alma del ser humano. Esta explicación se reduce en la consecuencia inequívoca e infranqueable de aquellos que buscan ser vacíos: desvarían por doquier, dejando inconcluso todo aquello en lo que se propongan realizar. Así, y sólo de esta manera, tienen una gota de consistencia. Así como su realidad, ellos son inconclusos, y no habitan en más que dentro de ellos mismos. Por esta simple razón, nunca podré habitar dentro de ella. Ya no hay espacio, pues sólo hay vacío.
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