Mucho se ha hablado sobre Boxer, sobre cómo encapsula ese ennui treintañero del siglo XXI, sobre cómo The National nunca dejó de intentar de hacer música a pesar de llevar años y años en el anonimato, sobre lo difícil que les resultaba escribir canciones sin pelear por cualquier gancho, riff u obertura, o de cómo estuvieron a punto de abandonar todo en medio de la grabación del disco más importante musicalmente hasta aquel momento.
El 2007 fue un año extraño. Sétimo siempre es raro, todos lo sabemos. Musicalmente, yo aún era muy inmaduro, y no conocía prácticamente nada de lo que conozco hoy. Sin embargo, aquel año fue cuando comencé a escuchar música por mi cuenta y a adquirir los gustos que me han formado paulatinamente. Ese año, sin que yo lo supiera por otros nueve años, The National lanzó Boxer, un álbum que los convertiría en una de las bandas indie más reconocidas en esa escena. También es un álbum que reconoce el esfuerzo de la banda en trabajar material de alta calidad, sin importar qué tan difíciles las sesiones de grabación puedan ser.
La primera canción del álbum, Fake Empire, es ya un clásico de la banda, además de marcar el tono del disco de manera espectacular. La progresión disonante entre la melodía y la voz de Matt Berninger impacta inmediatamente, dejando la sensación de que algo especial está por comenzar. Mucha de la visión que tiene la banda, y en especial Berninger, acerca de lo que significa ser un adulto joven se resume en las líneas: “Let’s not try to figure out/everything at once”. Esa idea de estar navegando a través de los veinte y de los treinta, cuando se te exige saber todo cuando no sabemos qué es lo que estamos haciendo se expone también en Mistaken For Strangers. Con esta canción, más guiada por la guitarra y en un tempo más acelerado, Berninger nos recuerda que la vida de un adulto es mundana y rutinaria, sin lujos ni gloria. La independencia y la madurez siempre vienen con un costo, sea nuestras relaciones interpersonales, sea nuestros sueños o sea nuestra inhabilidad para entender nuestras vidas.
Más adelante en el álbum, encontramos otra de las joyas de todo el repertorio de The National. Slow Show no es solamente una mirada triste, graciosa e irónicamente optimista acerca de una serie de sentimientos y acontecimientos en la vida de Berninger. Aquí es donde él canta una de mis líneas favoritas: “God, I’m very, very frightening/I’ll overdo it”. Estas palabras son causadas por una mirada introspectiva acerca de las relaciones interpersonales y la ansiedad social provocada por tanta inseguridad alrededor de nosotros mismos, además de ser autoreferencial al punto de autodespreciativo. Tanta ansiedad también provoca un sentido de abstracción y de alienación típica exacerbada por esta era de tecnología intrusa, sobre lo cual canta Berninger en Apartment Story. Allí, mientras canta -o grita- “Stay inside till somebody finds us/do whatever the TV tells us/stay inside our rosy-minded fuzz”, Berninger hace oda al deseo de abstraerse de la realidad con el objetivo de quedarse en un estado determinado, fuera del alcance del mundo real.
Gran parte del peso musical de la banda recae en los gemelos Dessner, quienes aparte de ser músicos de formación y con conocimiento en múltiples instrumentos, logran darle una gravedad única a la música de The National. A pesar de ser una banda centrada en el uso de instrumentos típicos de rock (guitarras, bajo, batería) y el frecuente acompañamiento del piano y de instrumentos de viento, las canciones están escritas de manera tal que el resultado es un sonido con certificación de origen de los hermanos Dessner. Cabe resaltar la ejecución maravillosa de la batería por parte de Bryan Devendorf. El estilo que le imprime logra llevar perfectamente los tiempos, los crescendos y el sentido de urgencia en muchas canciones a lo largo del disco, en especial en Brainy, Squalor Victoria y Apartment Story. Así como entre Bryce y Aaron existe un reflejo musical cuando ambos están en la guitarra, lo mismo se puede decir entre la batería de Bryan y el bajo de su hermano Scott. Para rematar, el barítono característico de Matt Berninger conjuga estos elementos para reproducir el clásico sonido marca The National.
Más allá del uso de este núcleo de instrumentos, la preponderancia que adquieren otros instrumentos tales como el violín y el piano afloran en las hermosas Ada y Gospel, respectivamente. Esa delicadeza en la composición contrasta con la grandeza del sonido, ejecutado por una mini-orquesta à la orquesta de colegio, en especial en Gospel. Luego de la velocidad y la explosividad de canciones como Mistaken For Strangers y Squalor Victoria, parece casi un anticlímax cerrar con esta canción, pero el álbum deja la misma sensación de leer las últimas páginas de un libro que nos ha dejado mucho, donde no sólo nos vemos reflejados, sino en el cual podemos adueñarnos del relato. Al final del día, mucho de lo que se siente auténtico en The National es su deseo de componer buenas y azules canciones, en especial aquellas que nos permiten vivirlas como propias. Ya lo dijo Matt en Live in Brussels: “This is a sad record”, y sí, lo dijo mofándose de sí mismo. Ese 2007 fue un año terrible para mí, pero como de ese año surgió semejante obra, estoy dispuesto a perdonarlo.
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