Ir al contenido principal

Airing of Grievances


¿Sé escribir? La verdad, ya ni siquiera podría responder eso con certeza. Cada día que pasa veo cómo las cosas que, creía, eran constantes en mi vida, se difuminan y enrarecen intensivamente. Mi mente vive en un permanente estado de desánimo tan profundo que no logro hacerlo reaccionar. He intentado de todo con el fin de estimularlo, de resetearlo, de iniciarlo; sin embargo, y conforme veo cómo todo lo que espero resulta un desastre peor que el anterior, siento cómo mi vida se me escapa por entre los dedos de mis manos.

No soy capaz, comprenderán, de articular siquiera mis más profundas afrentas, sea en pensamiento, en letras o imágenes. Siento cómo mi creatividad se disipa en medio de mis estúpidos pucheros y pataletas sin sentido, y termino sintiendo lástima por mí mismo de la manera más cliché y patética que puedan recordar en sus vidas. No se trata de nadie más; las personas vendrán y se irán, pero mi odio hacia mi necedad, hacia mis acciones y hacia las cosas más oscuras y decepcionantes de mi ser y de mi vida permanecerá, pues forma parte de la única manera que sé vivir.

No es tanto un odio hacia mí, sino más como un desamor propio. Cada vez que las cosas van bien, que parecen que hasta que al fin se acomoda todo y que el mundo por fin tiene sentido, comienzo a actuar de manera tal que me pone frente a una señal en vivo donde veo cómo todo empieza a desplomarse, como si fuera un edificio viejo por dinamitar. Ahí es cuando dejo de amarme, cuando pierdo ese cariño hacia mí mismo y me convierto en alguien que se tiene en una estima indiferente. Es como si no me conociera ni me quisiera conocer, como una persona a quien no te esforzás por reconocer aunque haya algo en su rostro que resulta familiar, pues no te resulta atractiva, interesante o relevante siquiera. Es un desamor abrasante, una amargura intensa y desdeñable, la cual puedo sentir infiltrarse en medio de mis entrañas.

He intentado cobijar y apaciguar dicha amargura con el objetivo de evitar caer en un círculo vicioso de soledad, impotencia y autodestrucción. El paso previo a ese círculo es el sentimiento de pena por sí mismo; este sentimiento ya lo he experimentado miles de veces, pero lucho contra él para no resbalar y caer en su abismo. Sin embargo, cada lucha incrementa mi hartazgo por esas decepciones, y se van acumulando sin tener claro que sucedería si se desbordan por completo.

De cualquier manera, las he sobrellevado extraordinariamente bien, tan bien que me asusta. Me asusta el hecho de no saber precisamente eso: ¿por qué sobrellevo tan bien tanta decepción? ¿Será que simplemente, en cualquier momento, iré a explotar con tanta frustración acumulada? O, por el contrario, ¿estoy ahora tan acostumbrado a esa frustración que me he vuelto insensible o hasta anestesiado frente a ella? Ambos escenarios me aterrorizan. El primero desencadenaría una serie de acciones que no reconozco en mí, que no me son naturales y que no podría reconocer porque no tengo idea de cuáles serán. Con respecto a lo segundo, sería una sentencia de muerte prematura, una vivencia adormecida de esta vida y por lo tanto, un desperdicio. Vería como normal la destrucción de mis sueños, los sueños serían una pérdida de tiempo, y me convertiría en todo lo que había jurado no ser: frío, distante, indiferente y amargo frente al mundo. Por momentos, creo que es así. Siento que soy insuficiente frente a todo y todos, y eso me convierte cada vez más insufrible, negligente y antipático.

Esta vez no hay otra versión de esta historia. Esta vez sólo existe una. Una versión seca, cruda, difícil de digerir y poco accesible. De dulce no tiene ni el nombre, y no encuentra finca en ninguna de sus entradas hermanas. Todo eso queda de tarea; ojalá la pueda terminar a tiempo.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Reseña de “Carrie & Lowell” de Sufjan Stevens

“But I don’t know/where to begin”. Así es cómo Sufjan Stevens nos introduce en “Death with Dignity”, la primera canción de Carrie & Lowell , a su universo. Así es como nos invita a entrar en su lucha contra sí mismo y nos hace espectadores de su empresa a través el dolor y el pésame que ha sufrido, precisamente en la relación con su madre. La manera en que Sufjan logra exteriorizar todo lo que sus letras sugieren (dolor, nostalgia, confusión, sexualidad, arrepentimiento y fe) es únicamente igualada por la composición complejamente simplista de la música. Tomando como punto de partida su anterior esfuerzo musical, The Age of Adz , el cual fue una gran oportunidad para que Stevens demostrara su versatilidad y capacidad en el manejo de un sonido postindustrial, innovador y profundo, él vuelve a dar un giro sonoro muy pronunciado pero no menos exitoso. Lo impresionante en este cambio de dirección exactamente eso: independientemente del cambio musical, la calidad se mantiene y, me at...

Declaración de idiotez

Holden Caulfield era un idiota, como cualquier otro. Un desadaptado, vendió los regalos que sus padres le dieron sólo para divagar por la ciudad, criticando a los hipócritas que lo rodeaban mientras él mismo seguía siendo un hipócrita. Nos decía cuánto quería ver a su querida amiga, y al estar en el teléfono, simplemente colgaba o llamaba a alguien más. Odiaba a los adultos, en especial a aquellos que actuaban extrañamente como adultos, mientras que él tenía el cabello ya plateado a pesar de tener 17 años y contrató a una prostituta a través de un proxeneta sólo para hablar. ¿No es eso una actitud adulta y extraña al mismo tiempo? Rodion Romanovich Raskolnikov evoca otro tipo de sentimientos. Empobrecido estudiante de derecho, a la merced de una vieja usurera, con quien ya ha abierto una gran deuda, y que por ello no podrá seguir estudiando su querida vocación. La idea de hacer que todos sus males desaparezcan de la noche a la mañana con sólo una acción, crece cada vez más y lo apes...

Hablando en absolutos: la gran e indudable tragedia humana

Entro a leer las noticias en La Nación y noto algo muy peculiar: dos artículos de opinión seguidos. Uno es de Jacques Sagot . El otro es de Juan Carlos Hidalgo . A grandes rasgos, son dos escritores/opinólogos profesionales que comparten poco en común: uno es pianista, interesado en la literatura y en las cuestiones humanísticas. Altanero como egomaníaco, y un saprissista empedernido. El otro, por su parte, es especialista en política pública, melodramáticamente utilitario y consumido por la enfermedad think-tanquinera llamada Instituto Cato, el cual suena más elegante de lo que realmente es. Ah, y también es saprissista. Sí, estoy siendo injusto con ambos, porque ésa es mi debilidad. En realidad, ambos hacen puntos interesantes en sus discusiones, aunque la mayoría son fuera de contexto. Dentro de todo el aspecto mediático que involucra el quehacer periodístico, los opinólogos han entrado con fuerza (desmedida, tarjeta roja, diría Ramón Luis) en los medios de comunicación. Esto...