¿Sé escribir? La verdad, ya ni siquiera podría responder eso con certeza. Cada día que pasa veo cómo las cosas que, creía, eran constantes en mi vida, se difuminan y enrarecen intensivamente. Mi mente vive en un permanente estado de desánimo tan profundo que no logro hacerlo reaccionar. He intentado de todo con el fin de estimularlo, de resetearlo, de iniciarlo; sin embargo, y conforme veo cómo todo lo que espero resulta un desastre peor que el anterior, siento cómo mi vida se me escapa por entre los dedos de mis manos. No soy capaz, comprenderán, de articular siquiera mis más profundas afrentas, sea en pensamiento, en letras o imágenes. Siento cómo mi creatividad se disipa en medio de mis estúpidos pucheros y pataletas sin sentido, y termino sintiendo lástima por mí mismo de la manera más cliché y patética que puedan recordar en sus vidas. No se trata de nadie más; las personas vendrán y se irán, pero mi odio hacia mi necedad, hacia mis acciones y hacia las cosas más oscuras y decep...
No quiero seguir volviendo al mismo punto. La vida se trata de seguir hacia adelante, ver hacia el futuro, dejar atrás toda la carga del pasado y construir un camino nuevo. Pero esté donde esté, piense lo que piense, haga lo que haga, no logro desechar todas las viejas imágenes que pasan frente a mis ojos. El pasado es el combustible del presente; obviarlo se ha vuelto imposible para mí. Cada vez esas imágenes se vuelven más borrosas, más desgastadas y estrechas, pero impactan como si fuera la primera vez que las siento. El “qué hubiera pasado” se ha vuelto una droga para mí, pues no sólo no la puedo dejar, sino que busco como un sabueso sus efectos. Cuando, en una noche invernal frente al Neva, me pierda como siempre en las mismas imágenes, será porque estoy consumiendo esa droga como si fuera la última vez que la pruebo. Pero nunca es la última. No sólo viajo a través del tiempo para hacer y deshacer; también me pierdo en un mar de sinapsis y vacíos emocionales que entorpecen mi m...